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La Peliteñida

February 9, 2017

 

 

Es cierto, puede sonar un poco despectivo que te haya puesto el sobrenombre de peliteñida, pero todo comenzó como una inocente broma. Este apelativo tan poco sutil lo escuché la primera vez en una teleserie colombiana, y ahora con mi hermana hacíamos uso de esta palabra para referirnos a ti. No lo hacíamos con un fin de molestarte o de caracterizarte por tu pelo que la verdad que no era teñido, sino que un rubio natural bien cuidado, al menos eso decía mi hermana y con el tiempo lo he podido comprobar. Todo partió cuando esperábamos la micro en el paradero con el frío habitual de invierno que congela hasta las uñas, ahí estábamos siempre tú y yo esperando el transporte para nuestras labores cotidianas. Algo que motivaba mis ojos en la espera de partir, fuiste tú. Simplemente apareciste, he vivido toda la vida en la misma comuna y jamás te había visto, esto no quiere decir que debo conocer a todo el mundo, pero si esperábamos la micro en el mismo paradero, infería que deberíamos haber vivido más o menos cerca, tal vez éramos vecinos y nunca me di por enterado. Todos los días estaba alerta de que aparecieras, incluso nos íbamos en la misma micro y mientras estábamos en ella, yo imaginaba que me acercaba y te hablaba. Hubo una época en que te desapareciste por largo tiempo, bromeaba con mi hermana sobre lo que te podría haber pasado y que estaba dispuesto incluso a poner una denuncia en carabineros por tu extravío, aunque reconozco que en mi imaginario perspicaz, es algo que habría hecho. Después nos seguimos encontrando y en alguna oportunidad me había dado cuenta de que también me observabas, pero cada vez que te sorprendía, escondías nuevamente la mirada, de ahí que te colocaste astuta y comenzaste a usar lentes oscuros que no me dejaron saber más hacia donde mirabas. Esta relación de miradas sibilinas se mantuvo alrededor de un año. Ahora que lo rememoro, es demasiado tiempo que tuve sin hacer nada por ti, de todos modos, seré honesto, estuve con más de alguien en ese tiempo, pero esto último es un detalle que espero que no sea relevante a la hora de tomar tu decisión definitiva. Puedo ser un poco tedioso en lo que escribo, pero tú me pediste que fuera lo más detallista posible en todo lo que sucedió, que estoy seguro de que recuerdas todo mucho mejor que yo. Cierto día tuve la suerte de que nos encontramos en la micro de siempre, pero esta vez venía de vuelta. Al bajarnos tuve un leve remezón el corazón que me dictaba que debía seguirte para saber donde vivías, suena un poco obsesivo, pero en fin me deje llevar, no te pensaba hacerte nada malo, solo quería saber cual era tú casa. Te seguía a paso lento, creo que en ese momento no te dabas cuentas de mi persecución. Trataba de ir un par de metros distante de ti para seguir viendo hacia donde se dirigían tus pasos. Me sorprendiste mucho cuando cruzaste hacia la plaza contigua de la vereda, te sentaste en una banca y en ella me hiciste una señal con tu mano para que me pusiera al lado tuyo. Cuando vi lo que hiciste, miré para todos lados pensando que era para otra persona a quien invitabas con tú gesto, pero no, era para mí. Siempre creí que yo manejaba la situación, pero eso desordenó mis ideas y fue más de lo que había pedido para ese día. La plaza estaba recientemente remodelada y gracias a que estaba anocheciendo, el sol no pegó tan fuerte, de lo contrario, las palmeras pequeñas que habían colocado en reemplazo de los grandes árboles que estaban, nos hubiesen acalorado más de lo acostumbrado. Mientras caminaba hacia a ti, miraba alrededor y notaba que a las personas que estaban ahí se encontraban ensimismada en su isla propia. Algunos acostados en el pasto, otros niños jugando, en una banca aledaña a la tuya, una pareja de abuelos comiendo helado entre otras cosas. Lo insólito de eso, es que nadie de los que estaba ahí sabía que entre tú y yo se estaba comenzando a tejer una gran historia. Recordar la seriedad con la que me mirabas me da un poco de escalofrío, pero ahora me llega a dar risa. No recuerdo todos los detalles que han ocurrido entre nosotros en el tiempo que llevamos juntos, pero sí recuerdo con toda claridad lo que pasó esa tarde. Como todo me había tomado por sorpresa, me costó un tanto decir algunas palabras iniciales que me permitieran conversar contigo. En ese momento no tenía mucha creatividad, así que me hice un poco el desentendido de por qué me habías pedido que me sentara junto a ti. Lamentablemente poco duró el esfuerzo que estaba haciendo, ya que tú sin tapujos, me dijiste lo que yo asimilaba que no sabías. Me hiciste saber todas las veces que te miraba y que era obvio que te estaba siguiendo. Ante tamaña verdad, no me quedó otra que asumir y aceptar lo que me decías y darte alguna explicación del por qué hacía eso. Estaba tan nervioso que no podía dejar de mentirte y seguir negando que era solo curiosidad y que iba de camino a mi casa, pero nuevamente tu tan vivaz, me preguntaste dónde vivía y cuando tuve que decírtelo, de nuevo me caía en mi misma mentira ya que mi casa estaba al otro lado, ni cercana en donde estábamos. No pude seguir mintiendo y te dije que te seguía por curiosidad, que siempre te veía en el paradero y que me encantaría conocerte. Al terminar de hablar, te quedaste en silencio unos segundos, luego te pusiste de pie para apuntarme una casa que se encontraba al frente de la plaza en la que me indicaste que ahí vivías, y que agradecías el interés de conocerte y me propusiste que nos reuniéramos en la misma plaza, en el mismo asiento, al día siguiente. No sé si te diste cuenta, pero no me moví de ahí un en buen rato disfrutando del aroma de tu perfume que se había quedado incrustado en mí como vidrio en la piel. Obviamente que al otro día estuve ahí esperándote y te lo he dicho en otras oportunidades que fue la tarde más linda que había tenido. En ese momento no anidaba un sentimiento, pero mis emociones convirtieron de a poco lo que provocabas en mí, que se trasformó en un intenso amor. Un amor del cual se me había olvidado que existía o probablemente le había perdido la noción con mi relación anterior y lo tenía sepultado dentro de las cosas que no son importantes. Cada vez que nos veíamos trataba de sorprenderte con algún regalo o un gesto que me ayudara a reafirmarte lo que estaba sintiendo por ti. Todavía las palabras no son suficientes para decirte cuanto te amo, y que me siento angustiado cuando dejo tu cama y abandono tu piel blanca y ese hermoso pelo rubio que deja impregnado en mí, el aroma del amor real. Ese que no se compra en la farmacia ni aparece de la nada, sino que es un regalo de Dios que espero haber sido digno de tal obsequio y espero haber estado a la altura de lo que tú también sientes por mí. ¿Te acuerdas de esa flor que estaba en una vasija cubierta de piedras de canto rodado que tanto me costó regalarte en un comienzo? Esa flor ya marchitó, pero habita en nuestro corazón y yo pretendo cuidarla toda la vida. No tengas miedo, sé que somos el uno para el otro, eso ha quedado demostrado en la complicidad de los besos, en los abrazos enamorados que desencadenan en la pasión de amarnos y convertirnos en uno, y soñar con no separarnos jamás, no porque sea placentero, sino porque nos sentimos incompletos y ambos somos la necesidad del otro. Espero que este escrito sea la reafirmación de lo que sentimos y de una vez y sin temores de lo que viene, aceptes casarte conmigo que es el permiso para construir nuestros sueños juntos y hacer real la felicidad que solo he podido vivir en mis noches de quimeras juntos a ti.

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