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La Peliteñida

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Es cierto, puede sonar un poco despectivo que te haya puesto el sobrenombre de peliteñida, pero todo comenzó como una inocente broma. Este apelativo tan poco sutil lo escuché la primera vez en una teleserie colombiana, y ahora con mi hermana hacíamos uso de esta palabra para referirnos a ti. No lo hacíamos con un fin de molestarte o de caracterizarte por tu pelo que la verdad que no era teñido, sino que un rubio natural bien cuidado, al menos eso decía mi hermana y con el tiempo lo he podido comprobar. Todo partió cuando esperábamos la micro en el paradero con el frío habitual de invierno que congela hasta las uñas, ahí estábamos siempre tú y yo esperando el transporte para nuestras labores cotidianas. Algo que motivaba mis ojos en la espera de partir, fuiste tú. Simplemente apareciste, he vivido toda la vida en la misma comuna y jamás te había visto, esto no quiere decir que debo conocer a todo el mundo, pero si esperábamos la micro en el mismo paradero, infería que deberíamos haber vivido más o menos cerca, tal vez éramos vecinos y nunca me di por enterado. Todos los días estaba alerta de que aparecieras, incluso nos íbamos en la misma micro y mientras estábamos en ella, yo imaginaba que me acercaba y te hablaba. Hubo una época en que te desapareciste por largo tiempo, bromeaba con mi hermana sobre lo que te podría haber pasado y que estaba dispuesto incluso a poner una denuncia en carabineros por tu extravío, aunque reconozco que en mi imaginario perspicaz, es algo que habría hecho. Después nos seguimos encontrando y en alguna oportunidad me había dado cuenta de que también me observabas, pero cada vez que te sorprendía, escondías nuevamente la mirada, de ahí que te colocaste astuta y comenzaste a usar lentes oscuros que no me dejaron saber más hacia donde mirabas. Esta relación de miradas sibilinas se mantuvo alrededor de un año. Ahora que lo rememoro, es demasiado tiempo que tuve sin hacer nada por ti, de todos modos, seré honesto, estuve con más de alguien en ese tiempo, pero esto último es un detalle que espero que no sea relevante a la hora de tomar tu decisión definitiva. Puedo ser un poco tedioso en lo que escribo, pero tú me pediste que fuera lo más detallista posible en todo lo que sucedió, que estoy seguro de que recuerdas todo mucho mejor que yo. Cierto día tuve la suerte de que nos encontramos en la micro de siempre, pero esta vez venía de vuelta. Al bajarnos tuve un leve remezón el corazón que me dictaba que debía seguirte para saber donde vivías, suena un poco obsesivo, pero en fin me deje llevar, no te pensaba hacerte nada malo, solo quería saber cual era tú casa. Te seguía a paso lento, creo que en ese momento no te dabas cuentas de mi persecución. Trataba de ir un par de metros distante de ti para seguir viendo hacia donde se dirigían tus pasos. Me sorprendiste mucho cuando cruzaste hacia la plaza contigua de la vereda, te sentaste en una banca y en ella me hiciste una señal con tu mano para que me pusiera al lado tuyo. Cuando vi lo que hiciste, miré para todos lados pensando que era para otra persona a quien invitabas con tú gesto, pero no, era para mí. Siempre creí que yo manejaba la situación, pero eso desordenó mis ideas y fue más de lo que había pedido para ese día. La plaza estaba recientemente remodelada y gracias a que estaba anocheciendo, el sol no pegó tan fuerte, de lo contrario, las palmeras pequeñas que habían